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Cuentos con moraleja
-Igualdad-


Valor
: IGUALDAD


IGUALDAD

Las grandes palabras están tan gastadas...Se han usado mal tantas veces....

Mejor empecemos con palabras sencillas: tú, yo, nosotros...Somos tan parecidos...

Tenemos los mismos miedos y la misma necesidad de ser queridos. ¿Donde están las diferencias?


“PATOJO” Y LOS GLOBOS

La condición social no importan para alcanzar la vida sobre natural, sino lo que se tiene adentro del corazón y con qué se lo llena. Este cuento nos invita a reflexionar sobre ello.

Quiero contarles algo que vi allá por el año 1992, anduve cuatro meses en Guatemala y realmente para mí fue un descubrimiento vivir en esa zona.

Era un día lindo, con mucho sol. La misa se hacía un poco temprano por que allá hace mucho calor. Luego se realiza la fiesta popular. Se daba asueto para
todos y aparecían los vendedores, entre ellos, un vendedor de globos.
Imagínense: carrito con cuatro ruedas, un fleje arriba y globos. Globos como para hacer compota. Globos de todos los colores, de todos los tamaños y formas, inflados y sin inflar.

Como no había mucho pisto (así llaman al dinero), los chicos preferían
comprar un chocolatín, un choripan, un chicle y no globos.

Entonces al hombre se le ocurrió una idea. Tomó un globo de color y lo soltó. El globo se enredó en una palmera y no faltó un chico que dijera:

"¡Mira, mamá un globo! ¡un globo!"

"Sí -dijo la mamá-, se le habrá escapado al señor".

En ese momento, soltó otros dos globos. Uno se enganchó y el otro siguió de largo y al rato todos los patojos (así les dicen ellos a los niños) rodearon al vendedor de globos diciendo:

"¡Mamá, yo quiero un globo!".

Había sacrificado algunos globos, pero había conseguido algo muy lindo:
llamar la atención y que la gente viniera. Y vendió como nunca. En una hora vendió como cien globos. Pero había un negrito. Uno de esos de Guatemala, de la zona de Belice, que son como cartera de viuda; negros hasta la manija.

Estaba el pobrecito tristón, los mocos colgando, lloroso, mirando a los chicos con sus globos. Se le acercó el hombre, que era un buen padre después de todo, y le dijo: "Patojo,¿quieres un globo?

"No, señor, yo no quiero un globo" -contestó el niño-.

El vendedor lo miró casi con cariño y le preguntó: "¡Qué es lo que te pasa?".

El se animó y le contó: "Señor, si usted suelta ese globo negro, ¿será que
sube tan alto como los otros globos?".

El señor se emocionó tanto que desenganchó un hermoso globo negro que tenía y le dijo:

"Haz la prueba; suéltalo tú mismo".

El negrito soltó el globo con un gran temor. Y resultó que el globo comenzó a subir. Trepó entre las ramas y empezó a tomar vuelo. Al negrito le entró una gran alegría: al ritmo de salsa, de merengue, comenzó a saltar, a bailar, porque ¡claro! Su globo negro también había subido. Entonces el señor lo tomó de la mano y le dijo: "Patojo, te voy a decir un secreto: lo que hace subir tan alto

NO ES NI EL COLOR, NI LA FORMA. ES LO QUE TIENE ADENTRO".

Si yo lleno mi corazón con lo de acá abajo nomás, siempre va a andar por acá abajo. Si yo subo al cielo y traigo aire de allá y lleno el globo, entonces el globo va a buscar subir. Lo mismo pasa con mi corazón.

 

TODOS SOMOS IGUALES A LOS OJOS DE DIOS

En un avión que cubría un vuelo entre Johannesburgo y Londres, a una señora blanca, de unos cincuenta años, le toca sentarse al lado de un hombre de color. Llama a la azafata para quejarse:

-¿Cuál es el problema señora? -pregunta la azafata.

-Pero, ¿no lo ve?, responde la señora, me colocó al lado de un negro. No puedo quedarme al lado de estos "inmundos". Deme otro asiento.

-Por favor, cálmese, dice la azafata, casi todos los lugares de este vuelo están tomados. Voy a ver si hay algún lugar en clase ejecutiva o en primera.

La azafata se apura y vuelve unos minutos después.

-Señora, explica la azafata, como yo sospechaba no hay ningún lugar vacío en clase económica. Conversé con el capitán y me confirmó que tampoco hay lugar en ejecutiva. Pero sí tenemos un lugar en primera clase.

Antes que la señora pudiese responder algo, la azafata continuó:

Es totalmente inusitado que la compañía conceda un asiento de primera clase a alguien que está en económica, pero dadas las circunstancias, el capitán consideró que sería escandaloso que alguien sea obligado a sentarse al lado de una persona que nos haga sentir mal ...

La señora, con cara de satisfacción, se prepara para abandonar su asiento e ir a ocupar el asiento en la clase ejecutiva... en eso, la azafata mira a la persona de color y le dice: Si el señor me hiciera el favor de tomar sus pertenencias, el asiento de primera clase ya está preparado.

Y todos los pasajeros alrededor, que acompañaron la escena, se levantaron y aplaudieron por la actitud de la compañía.

"Todos somos iguales a los ojos de Dios"

“Todos somos iguales”

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