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La desnutrición en la vejez, algo que se puede paliar

Realmente las causas de la malnutrición en la vejez hay que decir que son múltiples, y algunas de ellas consecuencia del proceso natural del envejecimiento, pero existen otras circunstancias socio-económicas, o relacionadas con la falta de formación de los cuidadores, que hace que un 65% de los ancianos en residencias para la tercera edad o centros hospitalarios, cuya capacidad está deteriorada, padezca desnutrición. ¿Son estas las condiciones que queremos para nuestros mayores? Veamos que no está todo perdido. La malnutrición se puede paliar.

Aceptémoslo o no, la forma de tratar a nuestros ancianos revela no sólo el grado de desarrollo de un país sino también del respeto que una sociedad tiene a la ancianidad. Y aunque las cifras que arrojan los estudios sobre la malnutrición en este segmento de la población son alarmantes, el proceso es reversible si somos capaces de informar y formar a los cuidadores –profesionales o no- ya que todos los expertos coinciden en que la detección de este factor de manera temprana  acortaría la estancia hospitalaria, reduciría el riesgo de complicaciones y la tasa de mortalidad.

A las circunstancias socio-económicas como el aislamiento, la soledad, la depresión,  la pérdida de ingresos o las bajas pensiones, más complejas de solucionar, se unen las que tienen que ver con el propio proceso de envejecimiento, que sí pueden paliarse si prestamos atención a ese principio cada vez más aceptado de que la salud va asociada en un alto porcentaje a la nutrición.

Con la edad se producen cambios en la cavidad bucal, hay pérdidas de piezas dentales, problemas de salivación, disminuyen los sentidos del olfato, la vista y el gusto y la capacidad de preparar los alimentos, y de la misma forma se producen alteraciones en la absorción intestinal. Como añadido, llegan las enfermedades crónicas y agudas que aumentan la necesidad de nutrientes en muchos casos, agravando paradójicamente la situación por el gran número de medicamentos que se toman de forma prolongada, que interfieren el aprovechamiento de los nutrientes.

A partir de cierta edad, las exigencias calóricas son menores, aunque la necesidad de minerales, vitaminas y proteínas sean las mismas (no así grasas y azúcares, que desencadenan la diabetes, la hipertensión, la obesidad y el colesterol alto), aún cuando el organismo disminuye su capacidad de absorción de los nutrientes porque se ha vuelto perezoso como todo lo demás.

Pero no hay que rendirse, basta con elegir lo que la naturaleza tiene preparado para esta etapa de la vida, y adaptarlo a las condiciones climáticas de cada caso: a más frío, además de la verdura más calorías en forma de grasas (aceites y carbohidratos como  maíz, arroz, pan, pastas, avena y frutas), y también naranja, limón, mandarina o guayaba, cuya vitamina C fortalecerá las defensas, reduciendo la posibilidad de que un simple resfriado se convierta en una enfermedad pulmonar grave.

El yogur, un alimento cinco estrellas

En una zona de calor, pocas grasas, frutas, verduras y carnes magras, o si se prefiere proteínas vegetales presentes en los frutos secos y en los cereales, y sobre todo yogures, una buena solución para la dieta ya que tienen un alto valor nutritivo, son fácilmente digeribles y ayudan a la asimilación de los nutrientes, algo sobradamente comprobado. Además los fermentos lácticos aportan una cantidad importante de vitaminas Ay D de las que los ancianos presentan déficit, igual que de la B12, aunque no siempre se diagnostica. Pero es que además los yogures son una fuente inagotable de calcio que combate la osteoporosis, regula la flora intestinal e inhibe el crecimiento de bacterias perjudiciales para el intestino y poseen una alta cantidad de proteínas, necesarias también para el metabolismo proteico y óseo, y más fáciles de digerir que las de otros alimentos.

Por otra parte se sabe que la intolerancia a la lactosa aumenta con la edad, algo que no ocurre con el yogur, capaz de suplir los beneficios derivados de la leche relacionados con los huesos. En los trabajos de Carrocio y Goulding, en 1999, sobre intolerancia a la lactosa, se subrayaba el aumento de la osteoporosis y de deficiencias nutricionales en personas que dejaron de tomar leche por esa razón, aclarando que el yogur era una excelente alternativa para las personas con este problema.

Pero el consumo de leches fermentadas no sólo se ha asociado con una mejora de la salud sino con la protección frente a enfermedades como la hipertensión, los altos niveles de colesterol y como consecuencia las enfermedades coronarias, así como el estreñimiento, las infecciones intestinales, los problemas digestivos y la falta de defensas. Algunos estudiosos como Mixoy (1999), en trabajos experimentales sugerían incluso que el yogur podía prevenir ciertos tipos de cáncer.

Guerra a la osteoporosis

Malnutrición también es la falta de alimento para el hueso, que en el caso de la mujer durante los 15 o 20 años después de la menopausia puede traducirse en osteoporosis, con posibles fracturas del esqueleto sobre todo en cadera y vértebras, sufriéndolas ellas 8 veces más que los hombres. No obstante puede decirse que a partir de los 70 la osteoporosis afecta a los dos sexos, provocando si es en cadera y vértebras dolor intermitente en la espalda, y a veces aparición de joroba y pérdida de altura, si bien es importante recalcar que a veces la descalcificación es consecuencia de ciertos fármacos.

Para combatirla, dos armas fundamentales, el ejercicio físico, acorde con la edad y la nutrición adecuada. Contra la edad, el sexo, la raza, la talla corporal, los antecedentes familiares, la menopausia prematura y un consumo excesivo de alcohol y tabaco a lo largo de la vida, nada puede hacerse como factores de riesgo que son, pero si podemos tratar con mimo nuestro organismo suministrándole el calcio que necesita y plantándole batalla a la inmovilidad y el sedentarismo, responsables también de la pérdida de masa ósea. Así que añadamos a la dieta de nuestros mayores, a lo ya indicado, una cierta exposición a la luz del sol para que el organismo sintetice la vitamina D, necesaria en la absorción del calcio y el fósforo, más las isoflavonas de soja, sobre todo para las mujeres postmenopaúsicas porque aumentará su densidad ósea.

Y por último, plantemos cara a los radicales libres responsables del envejecimiento con todos los antioxidantes que seamos capaces de acopiar gracias a los alimentos de origen vegetal, especialmente las frutas, las hortalizas frescas y los frutos secos oleaginosos, como no nos cansaremos de repetir,  para retrasar y frenar el proceso de envejecimiento celular. Es posible, que de esta forma, la vejez sea benévola con nosotros.

factores de riesgo: son: la edad, raza, sexo, talla corporal, antecedentes familiares, menopausia prematura, nuliparidad, tabaquismo, consumo de alcohol y uso prolongado de hormonas tiroideas exógenas en exceso, entre otros. Y tb la perdida de estrógenos. Si han consumido calcio en su vida tendrán menos riesgo. Porque han desarrollado su masa o sea. Inmovilidad, falta de ejercicio y sedentarismo provoca perdida de masa osea.

Fuentes alimentarias de calcio
La mejor fuente de Ca es la leche y sus derivados, queso, yogur y otras leches fermentadas. La mantequilla sin embargo no.
Las leches desnatadas tienen la misma cantidad de este mineral que las enteras.
Los frutos secos y las legumbres son ricas en calcio pero la absorción por nuestro organismo es menor.
Carnes, pescados, frutas y verduras tienen cantidades discretas de este mineral.
Consumo de fósforo
Para que la formación del hueso sea adecuada debe existir un consumo apropiado de fósforo. Se debe mantener una relación de 2/1 calcio/fósforo en el primer año de vida y posteriormente de 1/1.
Normalmente no existen deficiencias de este mineral.
Vitaminas
La vitamina D es muy importante en la regulación de la absorción de calcio y fósforo y por tanto en la mineralización y formación del hueso, por lo que es imprescindible durante el crecimiento.
El organismo es capaz de sintetizar esta vitamina a través de la exposición a la luz del sol, por lo que en países septentrionales se requieren suplementos.
Las vitaminas A, C y K también participan en la formación de hueso por lo que es conveniente no descuidarlas.
requerimientos.
Diversos estudios muestran la posibilidad de que los isoflavones presentes en la soja incrementen la densidad ósea en mujeres postmenopaúsicas reduciendo el riesgo de osteoporosis, por lo que es un alimento que es conveniente incluir en la dieta Una alimentación equilibrada, rica en frutas y verduras, pescado y lácteos, cubrirá nuestros

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